Dentro de nuestra sección ¿Recuerdas…? también podemos recoger testimonios de hermanos con los que hemos compartido nuestra vida de fe en el pasado y que ahora viven su fe desde otros carismas eclesiales o dando respuesta a vocaciones sacerdotales o religiosas. El primer testimonio que hemos recibido es el de José Manuel Rabanal (conocido como Josenaguer), actualmente sacerdote diocesano destinado en una parroquia del barrio de Carabanchel. En estas líneas muestra su agradecimiento por haber descubierto al Señor dentro de nuestros grupos y comunidades, recordando con alegría esos años.
EL AMOR PRIMERO

Como os podréis imaginar por la foto soy José Manuel, más conocido en la Parroquia por Josenaguer. La historia de mi vida dio un giro de 180 grados cuando encontré a Cristo en la comunidad de San Leandro. Fue en una de esas convivencias de alejados de fin de semana que se frecuentaban por aquellos años, por el mes de marzo. Yo ni siquiera me consideraba creyente, cuando, aún lo recuerdo, la charla sobre la Gracia de Dios me impactó fuertemente.
Fueron tres días de gran felicidad. Entré pensando dónde diablos me había metido (fui invitado por el Padre Alfredo y por Juanmi) y salí lleno de Dios, con el compromiso de incorporarme a los Grupos de Vida de la Parroquia. En menos de dos semanas, la del fin de semana de las convivencias y hasta el siguiente, me confesé varias veces, después de más de nueve años sin pisar una iglesia ni por casualidad. No es que fuese beligerante con ella antes de mi conversión, pero mi vida era la de un “bueno” que vivía como si Dios no existiera. Así fue como comenzó todo, como me integré en la vida parroquial, en el Grupo de Vida que con el tiempo se convertiría en la comunidad Juan Caminante. Allí conocí buenos amigos: Guillermo, Matías, Alex, Pedro, Javi, el Ruli, que falleció hace poco tiempo de forma prematura y que en paz descanse. También las chicas Cristina, Silvia, Mamen, etc.
A decir verdad, no todo salió a pedir de rosas al principio. Al cabo de poco tiempo desde las convivencias, empecé a racanear con las reuniones de Grupo: no bajaba los sábados de cada semana porque me quedaba jugando al ajedrez en un club de ajedrecistas por las mañanas.
Me conformaba con participar de la Eucaristía dos días a la semana, pudiendo dar más al Señor. Allá por la época en que a nuestro Grupo le había llegado el momento de dar el paso maduro a convertirse en comunidad, yo me ausenté, y el resto dio ese paso sin mí. De todas formas, el Señor había pensado ese momento para mí más adelante. Creo que fue al año siguiente. Ahí llegó como “mi segunda conversión”: di el paso a comunidad, entré formalmente en Juan Caminante, empecé a ser más generoso con Jesús, en la oración, en la Eucaristía incluso diaria, en la dirección espiritual cada mes, y comprometiéndome con la pastoral de la Parroquia
como catequista de niños, y ayudando a Vanesa, la hija de Gloria, con el resto de voluntarios de grupos y comunidades.
Después llegaría la primera llamada a entregarme más al Señor, la llamada vocacional, pero eso es harina de otro costal. Lo que más me llama la atención es que, mirando atrás después de todo este tiempo, con la experiencia de tantas vueltas como ha dado mi vida y estando en tantos sitios, ha sido una enorme Gracia del Señor. Ver tantos jóvenes como había entonces en nuestra Parroquia, tanta vida juvenil de Dios en esos Grupos y comunidades, es algo irrepetible. Os aseguro ahora, y lo digo como sacerdote, que lograr algo semejante a lo que no sólo me sucedió a mí, sino a muchos jóvenes por aquellos años en San Leandro, es casi imposible, y en todo Madrid, encontraréis poquísimos casos similares. Realmente aquello fue un milagro y un acontecimiento único.
El pasado verano, Diego OMI, que estaba descansando de la misión de Ucrania, y yo, hablábamos de esto, y los dos coincidíamos en lo mismo: el Señor nos eligió, no por nuestros méritos, sino por pura Gracia. Cuando me pregunto: “¿Por qué yo? ¿Por qué no otro?”, no hallo razones. Sólo hay una respuesta que se encuentra en el Sagrado Libro: Porque Él nos amó primero (1 Jn 4, 19).