Tuesday, December 11, 2007

Centro de cuidados paliativos Laguna

Hace unas semanas, en aceprensa dedicaban un artículo al Centro de cuidados paliativos Laguna. Se trata de una iniciativa socio-sanitaria que ha sido creada desde el espíritu cristiano de sus impulsores. Nos hacemos eco de esta notica porque este centro está muy cerca de nuestra parroquia, junto al parque de la “Cuña Verde”, casi pared con pared con la Parroquia de Santa Beatríz. Os adelantamos el inicio del artículo y os facilitamos el enlace para que podáis leerlo integramente desde la web de aceprensa.


Pongamos que se llama Carmen. Pongamos que el cáncer que desde hace tiempo consume su organismo se aproxima a los últimos estadios. Aunque no quiere aceptar que se muere, los dolores y molestias se multiplican, y teme no soportar lo que se avecina. Los familiares que llevan el peso de su cuidado –pongamos que una hija y un hijo, Sandra y Fernando– están al borde del agotamiento, desanimados por la falta de apoyo de otros parientes. Se preguntan, además, si están ofreciendo el mejor cuidado a su madre.

Se deciden a acudir al Centro de cuidados paliativos Laguna, en el distrito de Latina de Madrid. Un equipo multidisciplinar de profesionales analiza el caso para dar la mejor respuesta posible al paciente y a su familia. Primero hay que averiguar si el ingreso en el centro es necesario, o si Carmen puede seguir en su hogar, atendida por los profesionales o, incluso, por sus parientes. Hay que hacerse cargo, además, de la situación familiar.

Sandra no lo sabe pero está al borde de la claudicación, ella es la que ha dedicado más tiempo a su madre; la falta de sueño y el cansancio psicológico están afectando su rendimiento laboral y familiar. Fernando no tiene problemas de agotamiento, pero no sabe cómo tratar a su madre ahora que se muere y tiene pavor a su propia reacción emocional. Después de la primera entrevista, la unidad de trabajo social de Laguna se entera de que hay otros dos hermanos que se han desentendido de la situación. Hay que ponerse en contacto con ellos y hacerles ver que su familia necesita que arrimen el hombro…

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Thursday, October 18, 2007

¿Qué implica ser solidario?

Otro de los agraciados por los Premios ¡Bravo! 2007 ha sido el portal Forum Libertas, un diario digital de inspiración cristiana. Una de sus firmas más relevantes es Francesc Torralba, que ofrece periódicamente reflexiones interesantes sobre diversos aspectos de la actualidad. Os ofrecemos el último de sus artículos, dedicado a reflexionar sobre lo que entendemos por ser solidario. Es un artículo que puede invitarnos a entrar en diálogo con los argumentos de este autor, planteando nuestros propios puntos de vista a través de los comentarios.


¿Qué implica ser solidario?

Es algo que se elige, igual que hay que decidir qué causas, de las muchas justas que existen, puedo apoyar.

De vez en cuando, es higiénico preguntarse algo tan obvio como qué significa ser solidario.

No cabe duda que se trata de una pregunta incómoda, porque según cómo, uno puede llegar a la conclusión de que no lo es y eso puede despertar la mala conciencia.

Si por solidario se entiende estar implicado activamente en una ONG, realmente son muy pocos los ciudadanos solidarios, pero si ser solidario significa pagar religiosamente los impuestos, entonces prácticamente todos los ciudadanos adultos son solidarios, pero no por amor al prójimo, sino por imperativo legal.

La auténtica solidaridad comienza, entre otras cosas, con realizar bien nuestro propio trabajo; el de cada día. Consiste en apostar por la excelencia y, a la vez, por una labor socialmente responsable.

Ser solidario no es un hecho puntual, ni una aventura de verano, sino un compromiso tenaz, constante con la propia labor que a uno se le ha encomendado. Si uno no hace bien su tarea, eso tiene siempre efectos en la tarea de los otros y la primera norma de solidaridad consiste en sentirse estrechamente unido a los otros y en comprender que lo que yo no realizo correctamente afecta, directa o indirectamente, a los otros.

La primera solidaridad con el prójimo empieza, pues, en hacer bien nuestro trabajo. Los que creemos en el buen trabajo no dudamos de las posibilidades que ello tiene para poder ir cambiando el mundo.

Otros entienden que el trabajo es un puro modo de subsistir, un modus vivendi, pero no un ámbito de transformación de la realidad. Entonces se sienten llamados a hacer algo gordo, extravagante para lavar la mala consciencia y seguir viviendo.

La solidaridad entendida como experiencia puntual es un puro fraude, una excusa para salir airado del examen de la consciencia.

Ser solidario significa tomar consciencia de que las cosas y los hechos pueden ser distintos de cómo son. Como tal, la solidaridad lleva implícita la referencia a la elección. No se puede imponer, tampoco se puede exigir, pero se puede esperar de las personas que toman consciencia de la realidad en que viven.

Se refiere siempre al compromiso con el otro, trata de seres humanos y no de gestionar cosas, ideologías, credos y ortodoxias. La actitud solidaria supone entender y comprender que, bajo la superficie de la apariencia, de lo políticamente correcto, laten situaciones inhumanas disfrazadas de verdades incuestionables.

La auténtica solidaridad implica aprender a no confundir. Para criticar las causas que dan lugar a tener que ser solidarios hay que empezar, en primer lugar, por conocerlas, saber por qué y cómo se producen tales situaciones sobre todo para no perpetuar con determinados argumentos y soluciones lo que se pretende abolir.

La solidaridad que deseamos supone trabajar para conseguir buenos ciudadanos. Es preciso inculcar en ellos buenas costumbres a través de buenas leyes. Aquí la educación, los medios de formación de masas y una legislación con instituciones adecuadas son elementos claves y determinantes.

La auténtica solidaridad nos hace sentir la impotencia de no poder abrazar todas las causas hacia la que apuntan los Derechos Humanos, aunque todas ellas nos indignen. El hecho de que existan muchas causas y no podamos atender e interesarnos por todas no es razón para desmovilizarnos y paralizarnos.

Al contrario, esto es lo que hace que nuestra responsabilidad y nuestro compromiso nos obligue a vivir la solidaridad a través de elección y de la amistad. Lo que nos impide ayudar a todos es lo que nos permite que socorramos y nos solidaricemos con unos pocos.

Quizás ésta es la terrible paradoja de la solidaridad, escoger entre dos alternativas: la de querer abarcar todo y no centrarse en nada ni en nadie o la de la elección y selección que siempre supone elegir y excluir a otras causas igual de dignas y urgentes que la escogida.

A la hora de realizar esta elección, es clave considerar el talento personal, la capacidad intelectual, pues no todos estamos hechos para lo mismo, sino que cada cual tiene una misión y un tarea que realizar en este mundo.

Los actos y los gestos de solidaridad son realmente beneficiosos cuando de verdad sacuden nuestros egoísmos y comodidades, pero también cuando son un reto al sistema político y a la legislación vigente que provocan, amparan y dan lugar a esas situaciones que se tratan de paliar desde la solidaridad.

Cuando la solidaridad trata de ser verdadera y no apologética afecta al poder, a las formas de ejercer el poder, educa en sentido crítico al ciudadano y nos permite, en definitiva, vivir mejor.

La solidaridad pues, no es un modo de cumplir con las tareas que debería realizar la administración del Estado, sino una respuesta crítica, responsable y constante a las situaciones de miseria que se crean en el mundo. La solidaridad verdadera no es muda; tiene una vena profética y crítica.

Una sociedad socialmente responsable es la que, de algún modo, se arroga el derecho de hacer que sus ciudadanos sean cada vez más solidarios, y estén cada día más comprometidos con los problemas de los más necesitados.

Ésta es una tarea nada fácil en la sociedad del hiperconsumo (Gilles Lipovetsky dixit) en la que nos encontramos, pues ya no es el sacrificio lo que se encuentra en el centro de la existencia; sino el placer, el bienestar, el ocio, el gozar de la vida.

Para que la auténtica solidaridad salga a la luz, es necesario recuperar el énfasis en el sentimiento moral de gratitud, del bien por el bien, de creer que existe, a pesar de todo, generosidad, altruismo y solidaridad, más allá de la lógica utilitarista de la sociedad.

Como decía Paul Valéry, el futuro es construcción. No podemos prever el futuro, pero sí podemos prepararlo, porque está en nuestras manos. Será, en gran parte, lo que hagamos de él.

Vía: www.forumlibertas.com

Posted by hayrazones at 23:37:09 | Permalink | Comments (2)

Friday, May 18, 2007

Acerca de las Primeras Comuniones

Ahora que celebramos en la Parroquia las primeras comuniones de nuestros niños de catequesis, puede resultar interesante la lectura de un artículo encontrado en Internet


Recibir a Jesús, por primera vez, cuesta 0 €

Los medios de comunicación en estos días, anteriores a las Primeras Comuniones, nos presentan que estas celebraciones son muy caras, que es un despilfarro y que a muchas familias les supone casi la ruina, o por lo menos una hipoteca.

Por si sirve, digo: Recibir a Jesús, por primera vez, cuesta 0 Euros.

Celebrar la 1ª Comunión, socialmente, cuesta: -Según algunos medios de comunicación-

- traje de niña (novia?) 539 €

- traje de niño (marinero?) 350 €

- zapatos, calcetines, ropa interior, camisa, corbata, diadema, bolso… X€

- cadena, medalla, reloj, collar, rosario, crucifijo, misal (no se para qué) 300 €

- comida (30 comensales) 1800 €

- reportaje de fotos, videos, recordatorios… 300 €

- hinchables, disco móvil (¿para quien?)… X €

En total, entre unas cosas y otras de 2000 a 6000 € -Claro que cada uno puede hacer lo quiera con su dinero y sus pretensiones, pero…-

Recibir a Jesús, por primera vez:

 

- 92 sesiones de catequesis 0 €

- trabajo sacerdotes, catequistas… 0 €

- luz, calefacción, limpieza, uso salones… 0 €

- obsequio de la parroquia, -estampa, evangelio, cruz….- 0 €

- luz, limpieza, material celebración… 0 €

- 4 sesiones con los padres para preparar todo 0 €

- preocupaciones, malos ratos, disgustos…. 0 €

En total la preparación, desarrollo y celebración…. 0 € -Claro que cada uno con su tiempo, su ilusión, su servicio, su disponibilidad, puede hacer lo que quiera-.“Lo que gratis recibisteis, dadlo gratis” -Jesús de Nazaret-

Y el niño/a, ¿qué? ¿Quién lo manipula, lo maneja, le rompe el encanto de lo que celebra? ¿La Iglesia? o ¿la sociedad? Pues ya sabemos lo que nos toca.

Agustín Fdez Buj - revistaecclesia.com
Posted by hayrazones at 22:27:18 | Permalink | Comments (4)