Friday, January 18, 2008

Discurso del Papa en la Universidad de “La Sapienza”

Quizá hayáis conocido estos días la polémica por la no presencia de Benedicto XVI en la Universidad de “La Sapienza”, tal y como estaba previsto desde hacía tiempo, por la oposición de un grupo de profesores y alumnos, al considerar al Papa “oscurantista” y de estar de acuerdo con el proceso a Galileo… Por si no conocéis lo ocurrido, aquí podéis poneros al corriente.
Pues bien, acaban de publicar en español el discurso que tenía preparado, ciertamente de alta densidad filosófica y teológica, en el que se pueden leer palabras tan hermosas como éstas, que hablan de su constante preocupación por recordar el deseo de bien y verdad que habita en el corazón del hombre…


¿Qué tiene que hacer o que decir el Papa en la universidad? Seguramente no debe tratar de imponer a otros de forma autoritaria la fe, que sólo puede ofrecerse en libertad. Más allá de su ministerio de pastor en la Iglesia y sobre la base de la naturaleza intrínseca de dicho ministerio pastoral, es su misión mantener despierta la sensibilidad a la verdad e invitar una y otra vez a la razón a salir en busca de la verdad, del bien, de Dios y, por ese camino, estimularla a vislumbrar las luces útiles surgidas a lo largo de la historia de la fe cristiana y a percibir así a Jesucristo como la Luz que alumbra la historia y que ayuda a encontrar el camino hacia el futuro.

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Tuesday, January 15, 2008

En el centro de mi vida

Breve poema de Mario Benedetti que pueda dar lugar a reflexionar, contemplar…

Tomado de: ciudadredonda
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Wednesday, January 2, 2008

Mirar el nuevo año con esperanza

Comenzamos el año 2008. Muchos deseos y proyectos se amontonan en nuestra mente para el nuevo año, pero quizá también dudas, temores, incertidumbres. ¿Qué nos hace ver con esperanza el nuevo año y cada día de nuestra vida? Benedicto XVI lo expresa muy bellamente en estos párrafos de Spe Salvi, su nueva encíclica.


A lo largo de su existencia, el hombre tiene muchas esperanzas, más grandes o más pequeñas, diferentes según los períodos de su vida. A veces puede parecer que una de estas esperanzas lo llena totalmente y que no necesita de ninguna otra. En la juventud puede ser la esperanza del amor grande y satisfactorio; la esperanza de cierta posición en la profesión, de uno u otro éxito determinante para el resto de su vida. Sin embargo, cuando estas esperanzas se cumplen, se ve claramente que esto, en realidad, no lo era todo. Está claro que el hombre necesita una esperanza que vaya más allá. Es evidente que sólo puede contentarse con algo infinito, algo que será siempre más de lo que nunca podrá alcanzar….

Más aún: nosotros necesitamos tener esperanzas –más grandes o más pequeñas–, que día a día nos mantengan en camino. Pero sin la gran esperanza, que ha de superar todo lo demás, aquellas no bastan. Esta gran esperanza sólo puede ser Dios, que abraza el universo y que nos puede proponer y dar lo que nosotros por sí solos no podemos alcanzar. De hecho, el ser agraciado por un don forma parte de la esperanza. Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto. Su reino no es un más allá imaginario, situado en un futuro que nunca llega; su reino está presente allí donde Él es amado y donde su amor nos alcanza. Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto. Y, al mismo tiempo, su amor es para nosotros la garantía de que existe aquello que sólo llegamos a intuir vagamente y que, sin embargo, esperamos en lo más íntimo de nuestro ser: la vida que es «realmente» vida.

Benedicto XVI, Spe Salvi 30-31

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